Antiguamente, para hacer referencia a la “ciudad”, los griegos utilizaban el término “polis”, y los romanos el término “civitas”.
En el idioma latín, que era el que utilizaban los romanos, de la palabra “civitas” deriva “civis”, que significa “ciudadano”, y allí está el origen del término “cívico”, que refiere a todo lo relacionado con las ciudades y los ciudadanos.
Una realidad insoslayable, es que las comunidades humanas que habitan en un mismo territorio, requieren, indispensablemente, una organización política que les permita vivir y convivir en paz, con orden y en armonía. Y es así como surgen los Estados, que no son otra cosa que “comunidades organizadas política y jurídicamente”.
Es por ello que, cuando hablamos de “educación cívica”, nos referimos al conocimiento acerca de la organización política de una “civitas”, es decir, de una ciudad o de una comunidad, o, en general, de un país. Y ese conocimiento acerca de la organización política de un país, también incluye a su historia institucional, que indudablemente sirve para entender mejor el presente.
En definitiva, la educación cívica es la que nos permite entender cómo se organiza políticamente un país, cómo funcionan sus instituciones, cual es el origen de las mismas y cómo son sus regímenes de gobierno o sistemas políticos.



